A la altura de los Globo de Oro y los Oscares, Life of
Pi , o, La vida de Pi, es una película que aunque es su mayoría es una
adaptación animada, hace creer lo increíble y generar en el espectador una
unión con la historia.
La adaptación de la novela Max y los
gatos del autor Ian Moacyr Scliar que realizó el
director taiwanés Ang Lee tras 4 años de producción, hace apreciar el verdadero fin del séptimo arte,
donde se olvida que se está viendo una película, y por el contrario se genera
una relación directa y emocionalmente con el relato.
Y es
que cuando se creía que esta obra literaria era “Infilmable”, tal como lo
afirman los más importantes cineasta, no solo por las descripciones
paisajísticas del entorno, sino también por la relación de los protagonistas,
el seis veces ganador a mejor director, Ang Lee, logró impactar en el 2013 con
su obra maestra entre una mezcla de drama y aventura, luego del fuerte éxito
que tuvo Avatar en el 2009, con colores y animaciones nunca antes vistas.
Entre
generar reflexión y emoción, y los constantes impactos visuales, Life of Pi nos cuenta lo que tuvo que
atravesar un chico hindú llamado Piscine Molitore -Pi-
, tras quedar naugrafo el en Oceano Pacífico con Richard Parker un tigre de
bengala. El, que siempre se había preguntado por el creador de todo y la mejor
manera de comunicarse con Dios, se enfrenta a un sin número de pruebas que lo
llevan a crecer y madurar en diferentes aspectos, otorgándole poder a lo
divino.
Habitualmente
esta creación cinematográfica, respeta la ley de progresión dramática, donde el
momento de clímax es preciso, pero antes acompañado de constantes bombardeos de
puntos fuertes dramáticos que permiten enlazarse fuertemente con la narrativa y
así, no dejar perder el hilo de la trama.
Con
aciertos tecnológicos, visuales, gráficos, de elenco, sonido, fotografía y su
totalidad de grupo de trabajo, Lee, muestra un
potencial alto y la capacidad
de calidad de su mente creadora, donde
la colorimetría del film hace que el espectador se pregunte por la realidad de
los paisajes y la presencia del tigre,
ignorando y dejando de lado la animación que los construye.
Siendo
para el 2013 la película más taquillera con más de $600 mdd, seguida por Le
Miserables con $394,8 mdd, es muestra del perfecto equilibrio cinematográfico
que posee y del porque hasta el día de hoy sigue siendo una de las mejores de
la pantalla grande.



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